“Si me doliera, iría al médico; como no me duele, ha de estar bien.” Es un razonamiento muy humano, pero peligroso. El dolor es una alarma útil, aunque no siempre suena a tiempo.

¿Verdad o mito?

El dolor es solo una de las muchas formas en que el cuerpo avisa que algo no anda bien. Hay problemas serios que, en sus etapas iniciales, avanzan en silencio, sin doler prácticamente nada.

Lo que dice la evidencia

Varias condiciones importantes pueden crecer sin dolor: una hernia que apenas se nota, ciertas “bolitas” que conviene estudiar, cálculos en la vesícula que no molestan hasta que se complican, o cambios en la piel y en el abdomen que merecen revisión.

Señales que sí valen valoración, aunque no duelan

  • Un bulto o abultamiento nuevo que crece.
  • Cambios en una “bolita”, lunar o lesión de la piel.
  • Pérdida de peso sin explicación.
  • Cambios persistentes en la digestión o en las evacuaciones.
  • Sangrado que no debería estar ahí.

La realidad

La ausencia de dolor es una buena noticia, pero no un certificado de salud. Escuchar al cuerpo también significa atender lo que ves y sientes, no solo lo que duele.